A pesar del reconocimiento legítimo de la victoria del SI, de lo que esa victoria significa como expresión cuantitativa de lo que quieren la mayoría de los bolivianos, me parece pertinente traer a cuento hoy esta afirmación de Jorge Luís Borges: "La democracia es una superstición muy difundida, un abuso de la estadística". Me atrevo a afirmar que esa mayoría que apoya el estilo de cambio que quiere llevar adelante el actual gobierno no es en realidad democrática. Y no lo digo como una crítica, al contrario, pienso que es más bien una alabanza. Ellos saben en su fuero interno lo mismo que sabe Borges, que "La democracia es un abuso de la estadística", y utilizan ese abuso a su favor porque las condiciones dan para ello y porque están cansados de ser sólo las víctimas de anteriores abusos. El problema es que si a mediano y largo plazo lo que crece es el abuso y no la semilla de lo nuevo que a pesar de todo se fermenta en medio de esa realidad compleja, lo que llamamos hoy "cambio" mañana será más que una pesadilla. Con esto no quiero decir que yo haya votado por el NO o que justifique a quienes lo hicieron. Lo que quiero decir es que la complejidad del "cambio" es hoy en el mundo una tarea para la cual hay muy pocos seres humanos preparados, y que si esa mayoría que votó por el SI se atreviera a decir su «verdadera» palabra sería mucho lo que tendría que aportar en ese asunto. Pero, como recomienda el proverbio chino: "Las armas del reino no se le deben mostrar al enemigo".
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lunes, 26 de enero de 2009
"La democracia es una superstición muy difundida, un abuso de la estadística"
miércoles, 7 de marzo de 2007
Kamikazis

El asunto es que Bolivia no necesita cambiar. Su manera de sobrevivir hasta ahora consistió en tomar un atajo e instalarse en un tipo de plenitud que para defenderse tuvo que aprender a parecer lo menos plenitud posible. Y para que la cosa fuera sostenible a través de los siglos, ella misma lo olvidó, es decir, botó su propia llave. Quienes desde afuera alcanzan a intuir esa estrategia, quisieran, no por ella como dicen, sino por ellos mismos, que volviera a encontrar esa llave. ¡Perdónales Señor su buena voluntad! No hay por ahora seres humanos capaces de hacerse cargo de esa noticia. Los habrá seguramente dos o tres milenios adelante. Mientras tanto lo mejor es no hacer nada pero hacerlo de tal manera que parezca que se está cambiando. Los bolivianos se ignoran a sí mismos para defender lo mejor de sí mismos: son kamikazis espirituales. Esa, señores, es la única manera de luchar contra el imperio del mal.
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Bolivia,
Cambio,
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